La maternidad está acorralada entre lo doméstico y lo privado. Por eso en la sociedad competitiva y caníbal la maternidad molesta, del mismo modo que parir se ciñe al mandato sufriente del dolor bíblico. Pero no siempre ha sido así. Casilda Rodrigañez se remonta al tiempo en que las mujeres parimos y amamantamos con placer y los niños y las niñas se criaban con deseos saciados. Este texto es una invitación a vencer la sexualidad castrada y recuperar la maternidad entrañable.
Pariremos con placer
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